El hombre, el niño y el burro

Un hombre y su hijo iban con su Burro al mercado. Mientras caminaban, un campesino pasó junto a ellos y les dijo:

“Tontos, ¿para qué es un burro sino para montar?”

Así que el Hombre puso al Niño en el Burro y ellos siguieron su camino. Pero pronto pasaron por delante de un grupo de hombres, uno de los cuales dijo:

“Vea a ese joven perezoso, deja que  su padre camine mientras él pasea”.

Así que el hombre ordenó a su muchacho que bajara, y se subió al burro. Pero no habían ido muy lejos cuando pasaron ante dos mujeres, una de las cuales le dijo al otro:

“Es una lástima que ese perezoso hombre deje ir al niño caminando”

Pues bien, el Hombre no sabía qué hacer, pero al final tomó a su Niño y lo montó junto a él, en el Burro. En ese momento habían llegado a la ciudad, y los transeúntes empezaron a burlarse y a señalarlos. El Hombre se detuvo y preguntó por qué se burlaban. Los hombres dijeron:

-¿No te avergüenzas de haber sobrecargado a ese pobre Asno contigo y el niño?

El Hombre y el Niño bajaron y trataron de pensar qué hacer. Pensaron y pensaron, hasta que al fin cortaron una caña, ataron los pies del burro a ella, y subieron la caña y el burro a sus hombros. Todos se reían a medida que caminaban, hasta que llegaron al Mercado del puente, cuando el burro, soltando una de sus patas, echó a patadas al muchacho y le hizo caer el extremo de la caña. En la lucha, el burro cayó del puente, y con sus pies delanteros atados se ahogó.

“Eso te enseñará”, dijo un anciano que los había seguido:

“COMPLACES A TODOS Y NO COMPLACES A NADIE”

Al no saber lo que quieres en la vida lo más probable es que te encuentres complaciendo a todas las personas que tienes a los alrededores, tratando de alcanzar lo que quieres obtener.

Anteriormente escribí un artículo referente a la importancia de las metas y como ellas nos pueden dirigir en el camino correcto de lo que quieres alcanzar en la vida.

Una de las cualidades que tenemos cuando somos niños es la de soñar con las cosas que queremos. Solo teníamos que pensar y luego comentar ese pensamiento con nuestros padres o familiares, con la suspicacia de que se haría realidad. Muchas veces, existía algo a cambio en el momento de recibir esa gratificación, teníamos que conseguir llenar las expectativas de ellos de alguna manera u otra.

Cuando éramos niños no nos dábamos cuenta que nuestra conducta de complacer a nuestros padres o familiares para obtener cualquier tipo de gratificación era la manera más inteligente que teníamos para alcanzar las cosas que deseábamos a medida que íbamos creciendo.

Durante la infancia creamos y desarrollamos hábitos que pasarán a ser parte inconscientemente de la manera como nos comportaremos en la edad adulta. Cantidades de ellos, serán hábitos que durante la infancia nos dieron resultados favorables.

Una vez, que continuamos aplicando las mismas estrategias, ahora como adultos, nos vemos envuelto en situaciones que parecen más bien,  estar en contra de los resultados que obtuvimos en una oportunidad.

Complacer sin en realidad saber hacia donde uno se dirige no siempre es la estrategia más favorable para alcanzar el resultado final.

Para llegar a tu destino final necesitas tener claro cuáles son los motivos por los cuales lo estás haciendo y el por qué, de esa manera sabrás a quienes en el camino podrás complacer antes que tu termines como el burro.

Preguntas o comentarios? Escríbeme a mi correo guille@ithinkcoach.com

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